El Decano alza la voz ante una cadena de decisiones arbitrales que amenazan la credibilidad de la competición

Lo que en un principio podía parecer una sucesión de errores aislados ha terminado por convertirse en una preocupación estructural. El Recreativo de Huelva lleva demasiado tiempo conviviendo con decisiones arbitrales que, lejos de equilibrarse con el paso de las jornadas, siguen cayendo del mismo lado. Y la paciencia, tanto del club como de su afición, ha dicho basta.

Porque una cosa es analizar el rendimiento deportivo y otra muy distinta es ignorar lo que sucede cada fin de semana sobre el césped. El Decano no ha sido un ejemplo de regularidad esta temporada, eso es innegable. La etapa de Morilla dejó muchas dudas y con Arzu se ha mejorado la competitividad, pero las carencias siguen presentes. Sin embargo, nada de eso puede tapar una realidad que empieza a resultar insostenible.

Desde la implantación de las categorías RFEF, el Recreativo viene sufriendo actuaciones arbitrales más que cuestionables. Lo ocurrido la pasada campaña ya dejó señales de alarma, pero lo de este curso ha superado cualquier límite razonable. La repetición constante de errores en una misma dirección deja de ser casualidad para convertirse en un problema serio.

El encuentro ante el Extremadura ha sido, para muchos, la gota que colma el vaso. Un partido de máxima exigencia en el que el colegiado García Presa desquició a todos los estamentos: jugadores, cuerpo técnico, directiva y una afición que empieza a sentirse indefensa. Decisiones incomprensibles, criterios desiguales y una gestión del partido que volvió a dejar en evidencia la falta de uniformidad arbitral.

No es normal que una acción en el primer minuto acabe en amarilla para Paolo y minutos después una jugada idéntica quede sin sanción. No es normal que se señalen faltas inexistentes que generan peligro mientras se ignoran otras mucho más claras. No es normal que el criterio cambie dependiendo del área o del momento del partido.

Y así, jornada tras jornada: manos interpretadas de forma arbitraria, penaltis que no se señalan, descuentos que se alargan sin explicación o que no se respetan. Situaciones que, vistas de forma aislada, podrían considerarse errores humanos, pero cuya reiteración termina por generar una sensación de indefensión difícil de justificar.

La gravedad aumenta cuando estos episodios se producen en duelos directos, donde cada detalle marca el rumbo de la temporada. Porque el Recreativo podrá fallar, podrá tener altibajos, pero lo que no puede es competir con la sensación de que parte en desventaja desde el pitido inicial.

La voz institucional también ha dicho basta. El presidente Adrián Fernández ha dado un paso al frente tras semanas de prudencia, denunciando públicamente una situación que ya considera insostenible. Especialmente dolorosa fue la acción previa al gol del empate del Extremadura, una falta que, según el propio técnico rival, existió. A ello se suma la polémica gestión del tiempo añadido, otro capítulo más en una larga lista de decisiones difíciles de entender.

Hasta ahora, el club había optado por trasladar sus quejas por los cauces oficiales, manteniendo reuniones con el Comité de Árbitros y la Federación. Pero la persistencia de los errores ha obligado a cambiar el tono. No se trata de una reacción impulsiva, sino de la acumulación de muchas jornadas en las que el Recreativo se ha sentido perjudicado.

Más allá de lo deportivo, lo que duele es la sensación de falta de respeto hacia una entidad histórica. Un club con miles de aficionados, una ciudad volcada y una estructura que genera empleo y sentimiento. Como apuntó el propio presidente, “esto no puede seguir así”.

Desde la Federación de Peñas del RC Recreativo de Huelva queremos mostrar nuestro más firme rechazo ante la situación que está viviendo nuestro club. Nos sentimos indefensos, menospreciados y profundamente perjudicados por unas decisiones arbitrales que están condicionando el desarrollo de la temporada. Exigimos respeto para el Decano del fútbol español, para su historia y para una afición que nunca falla. No pedimos privilegios, pedimos justicia.

Ha llegado el momento de alzar la voz. El fútbol necesita árbitros, pero sobre todo necesita credibilidad. Y esa credibilidad se pone en entredicho cuando los errores siempre apuntan en la misma dirección. El Recreativo podrá equivocarse, podrá perder, pero lo que no puede seguir permitiendo es que le resten desde fuera lo que intenta construir dentro del campo. Porque esto, sencillamente, ya no es fútbol.

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